viernes, noviembre 18, 2005

¿Hay que obligar a las teles a emitir contenidos divulgativos y respetuosos? (Comentario sobre la guía: 3 cuestiones claves)


Hace unos meses el Gobierno y las televisiones generalistas, tanto públicas como privadas, alcanzaron un acuerdo respecto los contenidos que se debían ofrecen en los medios en horario infantil (de 7.30 a 9.30 y de 17.00 a 19.30 en día laborables; y que aumentan su cobertura el fin de semana y festivos). Entre los puntos a resaltar se encuentra el evitar el lenguaje ofensivo y denigrante, las imágenes violentas o de alto contenido sexual. Este compromiso de autorregulación, evitaba de este modo que el Gobierno socialista se viera forzado a redactar unas normas de obligado cumplimiento que, muy probablemente, hubiera sido acusado de intervencionista por las partes implicadas y por parte de la opinión pública.
A día de hoy podemos llegar a la conclusión que apenas nada ha cambiado: tanto en públicas como en privadas, se mantiene la tónica de la ideología de empresa capitalista, que no es otro que el beneficio inmediato.
En el caso de las cadenas de RTVE podemos convenir que teniendo dos canales retransmitiendo, con que uno (TVE2) ofrezca unos contenidos, como así es, que entran dentro de los pactos establecidos, ya cumple su misión. El espectro de la audiencia potencial a esas horas no se nutre sólo de niños, sobretodo por las tardes. Por lo tanto que haya una alternativa a los programas infantiles en los canales que todos financiamos es de lógica. Podríamos analizar si los contenidos que se ofrecen actualmente en La Primera se fundamentan en esos etéreos acuerdos establecidos, pero aun así no podemos negar que la televisión pública cumple, en parte, con el objetivo de ofrecer una alternativa adecuada.

Pero el dilema se nos plantea con los medios privados: ¿Debemos obligar a una empresa a regular sus contenidos? Si consideramos que el audiovisual europeo al que pertenecemos se rige escrupulosamente en la Teoría de la Responsabilidad Social, aquella que considera que todos los medios de comunicación, incluido los privados, tienen una función de carácter social a parte de la propia de la filosofía de mercado, acordaríamos que tanto Tele 5 como Antena 3 lo incumplen de forma sistemática (el caso de Canal 4 es distinto. A día de hoy apuesta por la calidad porque cuando una emisora inicia su andadura hasta que no pasan un par de años no puede luchar de pleno por la audiencia). Lo incumplen porque, al fin y al cabo, son empresas que se basan en sacar provecho del tipo de público que en ese momento ve la televisión: por la mañana, la audiencia se nutre básicamente de niños que se preparan para ir a la escuela, por lo tanto la programación va dirigida a ellos, sean los contenidos los más adecuados o no, que hay de todo; por la tarde, el espectro se abre y el público adulto aumenta de forma significativa y, nos guste o no, consume ese tipo de contenidos con ese tipo de enfoque.
En manos de cada uno está valorar este tipo de actuaciones. Seguramente se pueda hacer una programación distinta, pero no parte sólo del emisor el echo de que los contenidos puedan ser indignos, algo que daría para una acalorada discusión, quien consume también colabora a su afianzamiento. Criticar y movilizarse para cambiar eso que a uno no le gusta es un signo de salud cívica. Criticarlo y consumirlo no. A eso en mi casa lo llaman cinismo.

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